Depresión posparto y lactancia materna

El nacimiento de un bebé es generalmente considerado como un acontecimiento que trae consigo gran felicidad.

Sin embargo, el comienzo de la vida como padres puede crear sentimientos que se encuentran lejos de la dicha y la felicidad. Algunos expertos afirman que entre el 50 y el 70% de las mujeres se ven afectadas por cierto grado de depresión tras el parto (Komaroff 1999). Es posible que experimenten tristeza, cansancio y ansiedad. Esto puede deberse en parte a los cambios hormonales que ocurren tras el alumbramiento. También pueden ser el resultado de la realidad de cuidar a un bebé indefenso, incluyendo la falta de sueño y la pérdida de control sobre la vida propia. Para la mayor parte de las mujeres, este “estado de tristeza” permanece únicamente durante un tiempo, emergiendo del aturdimiento de la etapa post-parto perfectamente capaces de enfrentar todas y cada una de las demandas que impone la maternidad.

Algunas mujeres, por el contrario, se encuentran envueltas en una tristeza implacable e inexplicable. Es posible que estén experimentando lo que se conoce como depresión post-parto. Los síntomas incluyen sentimientos de impotencia, cambios de humor, ansiedad, incapacidad para dormir y falta de interés en la vida (ver Figura 1). Estos sentimientos no desaparecen. Permanecen durante semanas y la madre parece incapaz de ayudarse a sí misma a sentirse mejor.

La depresión post-parto no es más que uno de los varios trastornos del estado de ánimo que pueden manifestarse tras el nacimiento de un niño. “Trastorno afectivo” es un término que psiquiatras y psicólogos utilizan para describir problemas asociados a la depresión, la ansiedad y el miedo. También puede utilizarse para describir sentimientos inapropiados de euforia que entran dentro de la categoría de la “manía”. A medida que la ciencia ha ido descubriendo más acerca del cerebro y su funcionamiento, los profesionales de la salud mental y el público en general han llegado a darse cuenta de que la depr e sión y otros tr a stornos p s i c o l ó g i c o s n o s o n , c o m o anteriormente se pensaba, el resultado de poseer un carácter débil o falta de voluntad. La depresión y otros trastornos afectivos son causados por factores físicos cerebrales en interacción con las experiencias de una persona.

La depresión es una enfermedad bastante común. Uno de cada cinco adultos experimenta depresión aguda a lo largo de su vida. El estrés tanto físico como psicológico del embarazo, el p a r t o y l a maternidad pueden desencadenar la aparición de la depresión u otros trastornos mentales e n i n d i v i d u o s vulne r abl e s. L a depresión postparto ocurre en alrededor del 10% de las madres en el primer año tras el nacimiento del bebé ( A C O G 1 9 9 9 ) . Otros trastornos afectivos, como el trastorno bipolar (en el cual fases de depresión profunda se alternan con periodos frenéticos de hiperactividad y euforia), suelen aparecer por primera vez en los primeros años de adulto. De este modo, la depresión y otros trastornos afectivos afectan a un número significativo de mujeres durante el tiempo que se encuentran cuidando y amamantando a sus bebés.

Los efectos de estos trastornos varían desde alteraciones leves en la vida de la persona a discapacidad severa e incapacidad. Aunque la madre sea a menudo muy consciente de que algo anda mal, los primeros en notar el cambio suelen ser otros miembros de la familia. Algunas mujeres se sienten tristes, padecen ansiedad y se encuentran descontentas con la maternidad de manera persistente. Al otro lado del espectro, las mujeres que padecen síntomas severos pueden tener alucinaciones o delirios y una visión distorsionada de la realidad.

Las investigaciones muestran que una mujer con problemas de depresión encuentra problemas a la hora de ser una buena madre para su bebé. El desarrollo del bebé depende de que la persona encargada de cuidarle responda con interés. El cerebro infantil desarrolla sus variadas redes de conexiones nerviosas e información en respuesta a la miríada de interacciones diarias entre madre e hijo. Los bebés aprenden el comportamiento social, el lenguaje y mucho más del contacto visual que mantienen con la madre, de sus expresiones fac iales animadas, respuestas vocales y demás. La madre que no encuentra la energía suficiente para levantarse de la cama o “conversar” con su bebé no es capaz de satisfacer estas necesidades. Al mismo tiempo, la madre deprimida se priva a sí misma de la felicidad que trae criar a un bebé y a otros niños.

Por estas razones es importante tratar la depresión post-parto y otros trastornos afectivos con rapidez. El bienestar tanto de la madre como del bebé se encuentra en juego.

El tratamiento de la depresión postparto y otros trastornos afectivos varía de acuerdo con las necesidades del individuo. En muchos casos, una terapia de diálogo es muy efectiva. Un psicoterapeuta puede ayudar a una madre a reemplazar mensajes falsos que ella misma se da (“soy la peor madre del mundo”) por una valoración más realista de sí misma y de su situación. Este tipo de terapia se conoce como terapia cognitiva del comportamiento; la meta que se pretende conseguir es ayudar a las personas a reconocer creencias falsas acerca del mundo y de sí mismos y aprender a pensar de una forma diferente. El asesoramiento profesional también puede ayudar al individuo a construir mejores sistemas de apoyo para sí mismo y a encontrar maneras de cumplir con las necesidades propias. Es posible, a su vez, tratar la depresión a través de medicamentos; estos pueden proporcionar un excelente alivio de los síntomas en un periodo relativamente corto de tiempo. Sin embargo, el uso exclusivo de medicación para el tratamiento de la depresión post-parto puede resultar poco aconsejable. La medicación puede hacer que el individuo mejore al cabo de unas pocas semanas, pero la terapia podría ayudar a realizar cambios necesarios en la vida de éste que dieran como resultado un bienestar a largo plazo.

El cuidado de las madres que presentan trastornos afectivos post-parto presenta retos especiales a los profesionales de la salud, incluyendo a los relacionados con la salud mental. Los profesionales de la salud que tratan las enfermedades mentales incluyen a los psiquiatras y a otros médicos con capacidad de recetar medicación antidepresiva, y a los psicólogos, asesores o terapeutas, que llevan a cabo psicoterapias. En el caso del tratamiento de una madre con su bebé, estos profesionales tienen dos pacientes de qué preocuparse en lugar de uno, como o c u r r e m á s c o m ú n m e n t e . Madre e hijo son interdependientes, especialmente en el caso de que se e s t é a m a m a n t a n do. Constituyen un binomio, es decir, dos unidades que han de ser consideradas como una sola. Así, el tratamiento que se prescriba a la madre debe ir en beneficio tanto de la madre como del hijo.

Muchos profesionales de la salud no se encuentran formados o no poseen experiencia para concebir un plan de tratamiento que incluya las necesidades de ambos miembros de la díada lactante. Como consecuencia de esto, es muy común que al inicio de la enfermedad depresiva se le aconseje a la madre el destete de manera que pueda seguir un determinado tratamiento. Es posible que el médico le diga a la madre que debe dejar de amamantar a su hijo debido a la exposición del bebé a la medicación a través de la leche materna. Cabe también la posibilidad de que el terapeuta también aconseje el destete en la creencia de que si otros miembros de la familia dieran el biberón al bebé, la madre podría disponer de más tiempo para relajarse y descansar.Muchos profesionales de la salud aún comparten la mentalidad de la alimentación con biberón que es la norma en la cultura occidental. La decisión de la madre que i n sist e e n c o n ti n u a r c o n e l amamantamiento de su hijo en este tipo de situación es a menudo vista como imprudente y posiblemente perjudicial. Además, el resto de los miembros de la familia con frecuencia se encuentran asustados y preocupados por la enfermedad de la madre, por lo cual es difícil que la apoyen llegado el momento de contraponerse a un tratamiento que incluya el destete repentino.

Tras la recuperación de un episodio maníaco en el cual el doctor insistió en el destete inmediato debido a la medicación que estaba tomando, una madre dijo lo siguiente:

“La gente no se da cuenta de lo desesperados que una persona y su pareja pueden llegar a encontrase en la necesidad de obtener ayuda y sentirse bien. No sabíamos a quién escuchar, puesto que a menudo tres o cuatro profesionales de la salud nos ofrecían información contradictoria. El psiquiatra no consideraba al bebé en el problema y el pediatra se sentía incapaz de asesorarme acerca de mi enfermedad. Me siento muy triste por haber destetado a mi bebé, especialmente ahora que nos enfrentamos a una operación para  ponerle drenajes en los oídos debido a frecuentes infecciones de oído.”

No obstante, una mejor aproximación a las consecuencias del destete revela riesgos potenciales tanto para la madre como para el bebé que pueden tener mayor peso que cualquiera de los beneficios esperados. Algunos de estos riesgos son especialmente pertinentes en aquellas situaciones en las que la madre presenta una enfermedad depresiva u otro trastorno afectivo.

FACTORES QUE AFECTAN A LA MADRE

Dolor de pecho. Tras el destete repentino, la mayor parte de las mujeres experimentan hinchazón del pecho, lo cual puede acarrear riesgos de mastitis y absceso. Así, la madre que deje de amamantar deberá tomar medidas para aliviar la hinchazón. Para ello puede resultar necesaria la adquisición de un extractor de leche adecuado o el aprendizaje de técnicas de extracción manual, además del uso de hielo; es necesario estar atento a cualquier síntoma de inflamación o infección del pecho. Ciertos medicamentos utilizadas en el tratamiento de enfermedades mentales pueden presentar un efecto galactogogo, es decir, inducen a la mama a producir más leche, con la concomitante intensificación del dolor, de la hinchazón y la ralentización del proceso que lleva al pecho a no producir más leche.

Cambios hormonales. El destete repentino trae consigo cambios bruscos en los niveles maternales de estrógeno, progesterona y prolactina. Estas alteraciones hormonales pueden inducir cambios de humor en la madre, e incluso una exacerbación de la enfermedad depresiva. El estado de ánimo de la madre lactante se ve positivamente afectado por los niveles de oxitocina que se liberan en su torrente sanguíneo cada vez que amamanta a su hijo. El destete repentino priva a la madre deprimida de esta hormona capaz de subir el ánimo.

El cuidado del niño como una carga adicional a largo plazo. Familia y amigos acuden a la ayuda de la madre en crisis, preparados y entusiastas a la hora de dar el biberón al bebé de forma que ésta puede descansar. Sin embargo, este apoyo inicial no tarda demasiado en desaparecer cuando otros asuntos requieren la atención de estos ayudantes. Cuando estos se han marchado, la madre se encuentra con la carga adicional de la limpieza y la preparación de los biberones y el resto de actividades diarias, mientras que antes podía aprovecharse de la oportunidad de sentarse y simplemente abrazar a su bebé mientras lo amamantaba.

Gastos. El coste del destete no sólo acarrea los gastos adicionales de la compra de la leche en polvo infantil y biberones, sino también el coste de las enfermedades que se producen con más frecuencia en el bebé. Esta carga financiera puede caer sobre una pareja El cuidado del niño como carga adicional a largo plazo. Gastos. joven que quizás encuentre difícil permitírselo.

Vuelta a la fertilidad. La posibilidad de otro embarazo es otro asunto importante para una familia que ya se encuentra en una situación con la que no puede enfrentarse. El destete del bebé trae consigo la vuelta de la fertilidad, con lo cual la madre debe considerar el uso de métodos anticonceptivos, con los costes adicionales que esto acarrea. En aquellas familias que escogen la no utilización de dichos métodos, la amenorrea causada por la lactancia provee de un importante mecanismo de anticoncepción.

Interrupción de la vinculación afectiva. No es poco común que las madres afectadas por enfermedades depresivas se encuentren incapaces de hacer el esfuerzo de jugar con sus hijos, abrazarlos, etc. Cuando el niño es amamantado, se asegura cierto tiempo de contacto maternal varias veces al día. Las “hormonas de los cuidados maternales” que vienen asociadas a la Vuelta a la fertilidad. Interrupción de la vinculación afectiva. lactancia materna fomentan el cariño de la madre hacia el bebé. Si el biberón se convierte en una opción para alimentar al niño, es posible que la madre no pase tanto tiempo disfrutando de su hijo.

Sentimientos de impotencia. En general, las madres con trastornos afectivos se sienten sin control, impotentes y desesperadas. El amamantamiento es uno de los factores que pueden ayudar a una madre a sentirse bien consigo misma y con la maternidad. El aconsejarle que deje de amamantar a su bebé no hace más que darle un mensaje más acerca de su incompetencia. Si otras personas pasan a encargarse del cuidado del niño, esto confirma su ineptitud e impotencia. No es raro encontrar madres que experimenten un dolor tremendo, así como hostilidad hacia las personas que pasaron a cuidar del bebé, aún cuando hayan pasado décadas desde que se las obligó al destete.

FACTORES QUE AFECTAN AL BEBÉ

Mientras más pequeño sea el bebé, mayor es el riesgo de alergias y otros problemas nutricionales. La sustitución de la leche materna por la leche en polvo infantil supone enormes riesgos para la salud del bebé; entre ellos se encuentran el incremento del riesgo de padecer de alergias, de diabetes tipo I, de obesidad y de la enfermedad de Crohn.

Ïncidencia de enfermedades serias y con mayor frecuencia. La lactancia ma t e rna protege al bebé de enfermedades infecciosas. Los niños alimentados con leche en polvo infantil contraen resfriados y sufren infecciones de oído, diarrea y malestar intestinal con mayor frecuencia que aquellos que son amamantados. El destete no sólo presenta riesgos para la salud infantil, sino que también crea nuevos retos para los padres: un bebé enfermo necesita más atención y tiempo que uno saludable.

Problemas en la unión madre-hijo. Un bebé al que se le niega el pecho como alimento y consuelo puede encontrarse apesadumbrado. Es más, la separación de madre e hijo por largos espacios de tiempo puede acarrear efectos a largo plazo. Las investigaciones muestran de forma clara que existe una necesidad desesperada de que madres y bebés estén juntos para el crecimiento y desarrollo normales del infante. Existen evidencias de que cuando esta interacción se rompe, una depresión de toda la vida puede comenzar a formarse en el niño. Un estudio realizado con crías de rata que fueron destetadas y separadas de sus madres durante un periodo de 24 horas en la fase neonatal mostró una elevación en el nivel de las hormonas relacionadas con el estrés y una int e rrupc ión de l sist ema hipotalámico-pituitario-adrenal, que ayuda en la regulación del estado anímico (Schmidt 2002). La aflicción que siente un bebé como consecuencia del destete repentino es un sentimiento real que no debería ser ignorado o minimizado por los profesionales de la salud o cualquier cuidador sustituto.

El binomio lactante que se ve afectada por la enfermedad mental de la madre puede ser particularmente vulnerable al destete repentino. Si los cambios hormonales y los mensajes negativos inducen a la madre a hundirse, será menos capaz de atender las necesidades de su hijo. Si el bebé se convierte en más enfermizo debido a malestar de estómago o alergias, la situación se torna en un reto aún mayor para las capacidades de la madre. Un bebé difícil de consolar puede hacer que la madre se sienta incluso más impotente y desesperada. Además, ya que muchos expertos consideran que existe un componente genético en las  enfermedades mentales, parece lógico pensar que la interrupción de la unión madre-hijo inherente al destete repentino pueda predisponer al infante a futuros trastornos afectivos.

¿Y CUAL ES LA RESPUESTA?

En muchas situaciones es posible para la madre poder continuar amamantando a su bebé mientras está siendo tratada para la depresión post-parto u otros trastornos afectivos. Es necesario disponer del apoyo de familiares y amigos, además de los profesionales de la salud, mientras continúa atendiendo a su bebé y a su propia recuperación. Es muy importante que aquellos que se encuentren ayudándolas sean conscientes de y respeten sus necesidades y las del bebé.

El apoyo y la ayuda práctica de los más queridos es crucial para poder alcanzar un resultado positivo. Muchas madres en estado de depresión experimentan sentimientos de ineptitud y marginalización. Lo que es más, es posible que aquellas personas encargadas de su cuidado manipulen o coaccionen a la madre para que acepte un plan de tratamiento que no reconoce aquello que le es importante el amamantar y cuidar de su hijo. Esto viene a veces como resultado del miedo que sienten las personas queridas cuando ven que la madre está experimentando una etapa tan difícil. Sin embargo, y a pesar de su enfermedad, la madre es a menudo ¿Y cuál es la respuesta? bastante capaz de tomar decisiones.

Habiendo dicho esto, es necesario puntualizar la importancia de que las madres discutan con los miembros de su familia la importancia del amamantamiento antes de que haya una crisis (¡de cualquier tipo!). Las madres deberían compartir con sus parejas y familiares los sentimientos sobre su relación con el bebé, las metas y deseos acerca de la lactancia y las esperanzas que tengan para el futuro. Quizás en el caso de que familia y los amigos entiendan la importancia del amamantamiento a través de los ojos de la madre, habrá más posibilidades de que no sugieran el destete como el primer recurso al que acudir. Con este conocimiento en mente, estos individuos se encontrarán más preparados para abogar por la pareja lactante en caso de crisis. Parte de la educación de la familia podría incluir el proporcionar el número de teléfono de una Monitora de LLL y los nombres de algunas amigas del mismo grupo.

También resulta crucial para el tratamiento de la madre el encontrar un profesional de la salud que entienda la importancia de la díada lactante. La madre estará a menudo bajo el tratamiento tanto de un psiquiatra como de un psicoterapeuta, puesto que tienen distintos papeles en el tratamiento. El apoyo ha de venir de ambas partes si es posible.

El psiquiatra debería estar dispuesto a explorar opciones de tratamiento que permitan a la madre continuar amamantando, lo cual podría conllevar la búsqueda de información acerca del efecto de varios medicamentos en la lactancia y el infante. Es importante saber que muchos de los medicamentos que se utilizan en la actualidad para el tratamiento de este tipo de problemas son compatibles con la lactancia materna. En otros casos es posible la sustitución de un medicamento por otro más seguro y aún efectivo. Se puede obtener información acerca de medicamentos específicos a partir de diversas fuentes, incluyendo el Departamento de Enlace Profesional de La Liga de la Leche y material escrito como “Medicamentos y la leche materna” (Medication and mother’s milk), del Dr. Thomas Hale. También puede consultarse la web del Hospital Marina Alta Denia www.e-lactancia.org. Esta información puede entonces compartirse con el profesional de la salud.

Cuando el médico elige una medicación, está valorando otros factores además de la presencia en la leche materna. Que la medicación resulte perjudicial para el infante o no va a depender de la cantidad de la misma que pase a la leche, de la edad del niño y de cuánto se esté amamantando. Los riesgos que conlleva que el bebé reciba una cantidad pequeña de medicación a través de la leche materna deben contrastarse con los riesgos asociados a la alimentación con leche en polvo infantil. Mientras se estén administrando ciertos medicamentos, resulta aconsejable seguir sus niveles en la sangre del bebé y observar que no ocurra ninguna reacción adversa. El doctor de la madre debe discutir con el doctor del infante los temas relacionados con el seguimiento de posibles reacciones del bebé al medicamento.

Un buen terapeuta debería estar dispuesto a escuchar y entender las necesidades específicas de la familia, incluyendo el valor que la madre deposita en su relación de amamantamiento. Este profesional estaría dispuesto a hablar con otros profesionales de la salud (con el permiso de la madre). También tendría en cuenta los sentimientos de la madre acerca de la relación de amamantamiento con su bebé y, si fuera posible, no sólo apoyar la decisión de la madre, sino abogar por ella frente a otros profesionales de la salud, en lugar de aconsejar el destete.

Una de las cuestiones que surgen de inmediato en aquellas situaciones donde la madre padece una enfermedad depresiva, es si tiene la capacidad de cuidar del bebé y de los otros niños en la familia. Si la madre es considerada capaz de realizar esta tarea, ¡entonces amamantar lo hará mucho más fácil! En el caso de que necesite asistencia, entonces las personas dispuestas a ayudar pueden hacerse cargo de las responsabilidades del hogar, o de cuidar a los niños más mayores, dejando que la madre concentre cualquier energía de que disponga en su bebé. La mujer con un trastorno afectivo grave, cuyos síntomas o percepción distorsionada de la realidad le impidan cuidar de su hijo o incluso de sí misma de una manera segura, pueden necesitar de la ayuda de familiares y amigos que tomen turnos a la hora de estar con ella y el niño. Esto contribuiría a la continuación de la vinculación afectiva entre madre e hijo, al mismo tiempo que se asegura la seguridad para ambos. Esta madre podría continuar amamantando, incluso en el caso de que las personas colaboradoras tuvieran que ayudarla físicamente a poner al bebé al pecho.

En caso de una hospitalización inevitable, la familia podría organizar el traer al bebé a su madre de forma regular, además de hacer los trámites necesarios para conseguir un extractor de leche y ayuda con la utilización de la misma. Es posible que en muchas instituciones la idea de apoyar la continuidad de la relación de amamantamiento sea nueva y, por lo tanto, vista con sospecha o incluso con menosprecio. De nuevo entra en juego el papel de los seres queridos de la madre para abogar por ella si está encontrando problemas para defender su postura.

Afortunadamente, existe un tratamiento efectivo para la depresión post-parto y otros trastornos afectivos. Estas enfermedades ya no llevan el estigma de antaño y el tratamiento no debe necesariamente comprometer aún más el vínculo entre la madre y su hijo lactante. Cuando la madre, su pareja, la familia y los profesionales de la salud trabajan juntos, pueden encontrarse soluciones que permitirán que la madre continúe amamantando a su bebé al tiempo que se recupera de la enfermedad. Tanto ella como su bebé se benefician en esta situación.

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