Relactancia feliz

Liam lleva un rato nervioso, trata de captar mi atención mientras intento buscar un rato para hacer algunas cosas en casa. Acaba de realizar la primera toma del día y me doy cuenta de que tiene sueño, mucho sueño. Le pongo al pecho y al cabo de cinco, diez minutos se queda dormidito. Lo tengo en mi regazo, a mi pecho, entre mis brazos y siento una profunda satisfacción. Llevamos cinco meses de lactancia feliz. También lo llamo relactancia feliz. Usamos un relactador, una sondita por la cual le doy pecho y leche artificial al mismo tiempo.

Después de los intentos por una lactancia materna exclusiva, bajo indicación médica tuve que pasarme a la mixta. Le ponía 20 minutos al pecho, después le daba el biberón y por último usaba un sacaleches para estimular una mayor producción de leche. Si a eso añadimos la inexperiencia y la novedad de tener un bebé el resultado era un auténtico camino de baches, muy largo, por cierto.

La primera vez que usé el relactador me dije a mí misma que no volvería a usarlo, me sentí robocop woman y muy incómoda. Sin embargo a mi niño pareció gustarle, de pronto empezó a mamar con fuerza. Toda una novedad. Primero lo usé de día, después introduje la noche hasta que empecé a notar subida de leche. Increíble. Ahora lo uso siempre, incluso en la calle. Mi caso no es de los que luego pueden pasarse a la lactancia materna exclusiva. No tengo suficiente leche y este sistema es un regalo para mí y para mi pequeño.

Muchas veces me siento en una especie de limbo. No conozco a nadie en mi lugar. Muchas personas pro lactancia materna creen que realmente puedo darle pecho exclusivo y en cambio aquellas que no le dan dicha importancia me miran como a una extraterrestre y dicen: “Pero por qué no te dejas de complicaciones, pásate a los biberones, total con lo poco que le das de tu pecho”. Ahí está la clave, lo poco que le proporciono son gotitas de oro, así lo llamo a lo que pueda darle de mi leche. Además de poder tranquilizarle al pecho, facilitar su sueño, calmar su llanto. Sentirnos felices.

Uso el relactador para alimentarle pero cuando necesita calma o dormir no me hace falta. De pronto se despierta por la noche, no tiene hambre, pero se relaja al pecho, se duerme. En estos casos suelo decir que le doy mi yogurt de fresa. Una auténtica satisfacción después de tanto esfuerzo.

Cuando me indicaron pasarme a la lactancia mixta pensé que era fruto de la inexperiencia profesional, que eso no era posible. Me dije a mí misma que toda mujer puede dar pecho si lo desea y yo desde luego que quería. Para eso me había preparado, había leído, me había informado. Pero resulta que como todo en esta vida, aquí también hay excepciones. Asumirlo me costó unos cuantos lloros. Por eso me gustaría animar a todas aquellas maravillosas madres que se encuentren en mi lugar que disfruten de su maternidad, de sus pequeños y ante todo que no pasa nada. Lo que decidan será lo importante.

En todo este arranque de voluntad que he llevado a cabo me he sentido apoyada por Adelina García, de la Liga, por Juan, mi chico, mi compañero, mi amigo y por Mary Paz, mi madre. Ellos han sido mis querubines y digamos que también son partícipes de esta relactancia feliz.